Entonces sonríe y asiente serena con la cabeza. Recorren parte del trayecto cogidos de la mano, lejos ya de cualquier riña, broma estúpida o tomadura de pelo. Como si hubieran entrado en una nueva dimensión. Cómplices.Y, sin embargo, sabe de sobra que está respirando un aire nuevo, que está exhalando un suspiro prolongado, profundo y pleno. Cómplices. Casi tiene ganas de gritar esa palabra, hasta ese punto le parece extraña, absurda, ajena e imposible. Mira de nuevo su mano, está allí, sobre la suya, se apoya en su espalda y se deja llevar completamente rendida por las calles de esa extraña noche.
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